Comienzo del comienzo por Micaela Hourbeigt

Tengo una imposibilidad y es que no sé como empezar a hacer las cosas. Una vez que las empiezo, todo toma su curso y pareciera que el camino se va marcando naturalmente a medida que lo transito, pero es el comienzo lo que me cuesta.

Esto me pasa con todo lo que emprendo y ahora, en este preciso momento, me pasa con la introducción de esta sección, donde básicamente a través mío les cuento cosas de interés ñoño sobre la música y enfatizo el “a través mío” porque nada será demasiado técnico o tampoco demasiado ñoño. Básicamente, voy a escribir sobre lo que me interesa, esperando que le pueda interesar al que quiera leerme.

Entonces, se me ocurrió hacer una analogía entre este primer posteo sin saber cómo empezar y contar un poco del comienzo de lo que fue la música grabada, que también tuvo una historia semejante, de empezar a suceder sin saber cómo.

La primera grabación reproducible que se conoce se grabó en 1860, pero recién la pudieron traducir a la escucha en el 2008; 148 años después se logró el cometido de lo que comenzó por un experimento y terminó por revolucionar la industria de la música sin camino de retorno y para siempre, que es básicamente grabarla y estamparla en un objeto para su eterna reproducción.

No estamos hablando del gramófono como todos pensaríamos, porque antes de que este increíble aparato nos cambie la manera de vivir (se usa desde 1890),  existió el fonógrafo y más viejo aún el fonoautógrafo. Se creó en 1857 y lo loco de este aparatejo es que traducía las ondas sonoras en vibraciones, tal como hacen nuestros oídos (dicen que nada esta realmente inventado, sino que son sumatoria de ideas que logran cosas nuevas, ¿no?).

Foto del fonoatógrafo creado por Leon Scott en 1857

El problema que tenía es que no había manera de reproducir esas vibraciones dado que lo que hacía era lo siguiente: escuchaba por medio de un cuerno, o barril, este sonido hacía vibrar una membrana atada a una soga,  y finalmente, estas vibraciones hacían que la membrana escriba en papel o cristal ahumado lo que básicamente vibraba. Luego, como ya comenté, vino el fonógrafo de Edison, que desembocó en el gramófono de Berliner, que desembocó en los Beatles, y todos conocemos lo que pasó después.

En el 2008, y gracias a la tecnología de las computadoras, pudieron decodificar un fonoautograma (¿grabación de un fonoautógrafo?) dado que las vibraciones hechas por la membrada del aquél entonces fueron traducidas por la computadora a sonidos audibles y reconocibles y se encontraron con una grabación de una conocida canción francesa llamada “Au Clair de la lune”. Yo particularmente no la conozco, pero dicen que es conocida, pensé que al escuchar el audio iba a decir “Ahhh, esa canción es Au Clair de la lune, ¡no sabía que se llamaba así!”  pero cuando escuchen el audio creo que me darán la derecha de que no se entiende un pomo.

 

O sea, el hombre logró por medio de un aparato completamente análogo y natural crear vibraciones traduciendo el sonido, para no poder reproducirlo porque lo análogico no podía resolver ese problema y, luego, mucho pero mucho tiempo después, la computadora pudo terminar esta tarea traduciendo ese proceso completamente análogico a un proceso completamente digital. Esto me lleva a un par de reflexiones: la vida es bastante irónica porque los resultados sobre una idea a veces no llegan luego de mucho tiempo de espera; y pareciera ser que el hombre no puede terminar muchas de sus tareas sino es gracias a la tecnología, o sea que deberíamos pensar que tal vez venimos a este mundo para evolucionar de lo análogico a lo digital, y encontrarnos a nosotros en el medio.